La vida pública de Jesús: del Bautismo a la Última Cena - Holyart.es Blog

La vida pública de Jesús: del Bautismo a la Última Cena

La vida pública de Jesús: del Bautismo a la Última Cena

Del Bautismo en el Jordán a la entrada triunfal en Jerusalén. Los tres años de la vida pública de Jesús que cambiaron el destino del mundo

Todos conocemos la vida de Jesucristo contada en los Evangelios. Una parábola humana inevitablemente entrelazada con los acontecimientos históricos de la época en que vivió, e igualmente influida por el alcance inmenso y revolucionario de Su mensaje espiritual. En particular, la vida pública de Jesús, los años en los que desarrolló Su ministerio, enseñó, realizó milagros y preparó a Sus discípulos para Su sacrificio final, son relevantes para comprender el sentido mismo de la religión de la que fue y es símbolo, promotor y esperanza. En cuanto a los llamados años perdidos de Jesús, Su infancia y en general los anteriores a su entrada en la vida pública, las narraciones de los Evangelios canónicos del Nuevo Testamento han dejado muchas lagunas narrativas e interrogantes. Para llenar estas lagunas, a lo largo de los siglos han surgido los llamados Evangelios apócrifos, textos que intentan arrojar luz sobre aspectos poco conocidos de la vida de Jesús. Muchos estudiosos, en su empeño por comprender mejor el mensaje y la historia de Jesús, han recurrido a diversas fuentes, sobre todo medievales, creando un rico campo de investigación y debate.

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Volviendo a la vida pública de Jesús, desde Su Bautismo hasta la Última Cena, se trata de un periodo rico en enseñanzas, milagros y momentos que han influido profundamente en la historia y la cultura occidentales. Sus palabras y hechos durante su vida sentaron las bases del Cristianismo.
Veamos los episodios principales de la vida pública de Jesús.

El primer episodio de la vida pública de Jesús

La narración de la vida pública de Jesús comienza con Su Bautismo por Juan el Bautista. Según el Evangelio, Jesús fue al río Jordán para ser bautizado por Juan, que a orillas del río preparaba la venida del Mesías prometido limpiando y preparando a las personas. Aunque al principio Juan dudó en bautizar a Jesús, reconociendo Su superioridad espiritual, Jesús insistió en que se llevara a cabo el bautismo. Este acto de humildad por parte de Jesús muestra Su identificación con la humanidad y Su dedicación a la misión divina que le espera. Según el relato evangélico, mientras estaba sumergido en el agua, el Espíritu Santo descendió sobre Él como una paloma, y una voz del cielo declaró: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3,17). Momento de transformación e identificación, por tanto, en el que, por primera vez, Jesús es reconocido como Hijo de Dios. El encuentro entre Jesús y Juan Bautista es un momento de reconocimiento mutuo y simboliza la aprobación divina del ministerio de Jesús.
El Bautismo de Jesús no es sólo un acontecimiento de importancia simbólica, sino que marca también el inicio formal de Su vida pública y de Su ministerio, subrayando la continuidad entre la tradición judía y el nuevo mensaje de amor, redención y esperanza que Cristo trae a toda la humanidad.

Jesús en el desierto

Después del Bautismo y antes de comenzar su propia misión en Galilea, Jesús se retiró durante 40 días al desierto, donde tuvo que enfrentarse a las tentaciones del diablo. Se trata, en muchos sentidos, de una especie de iniciación, una búsqueda íntima y profunda de Su misión divina. Este periodo, narrado en los Evangelios del Nuevo Testamento, ofrece una visión esclarecedora de la naturaleza humana y divina de Jesús. Las tentaciones representan un desafío básico al que cada individuo puede enfrentarse: la elección entre seguir el camino divino o resistir las tentaciones del mundo material.
En cada uno de los evangelios sinópticos -Mateo, Marcos y Lucas- se relatan con detalle las tentaciones de Jesús en el desierto, mientras que el Evangelio según Juan ofrece un enfoque diferente, dando protagonismo a otros aspectos del ministerio de Jesús hasta el punto de que no se menciona el episodio del desierto. Juan afirma que, al día siguiente de su Bautismo, Jesús fue a Caná de Galilea, donde tuvo lugar el milagro de la transformación del agua en vino, el primero de los milagros de su ministerio público.

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En cuanto a las tres tentaciones recogidas en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, representan los conflictos interiores y las opciones que Jesús tuvo que afrontar como ser humano y divino.     La Tentación del Pan, por la que el Diablo intenta convencerle de que convierta las piedras en pan para calmar el hambre, pone a prueba Su vulnerabilidad y debilidad humanas. Pero Jesús responde citando el Deuteronomio (Dt 8,3) y afirmando que no sólo de pan vive el hombre, sino también de la Palabra de Dios.

En la Tentación de Ponerse a Prueba de Dios, el Diablo propone a Jesús que se arroje desde el tejado del templo para demostrar Su divinidad y obligar a Dios a intervenir. Jesús rechaza también esta tentación, subrayando que no se debe poner a prueba al Señor.

Con la Tentación del Poder Mundano, el Diablo lleva finalmente a Jesús a la cima de una montaña y le muestra todos los reinos del mundo, prometiéndole darle poder y gloria si le adora. En respuesta, Jesús rechaza la oferta, afirmando que sólo Dios debe ser adorado.

El tiempo en el desierto es crucial como preparación para Su misión terrenal de enseñanza, curación y sacrificio. Le ayudó a fortalecer su fe, a definir la relación con el Padre Celestial y a desarrollar su determinación para enfrentarse a los retos por venir.

El ministerio de Jesús en Galilea

El ministerio público de Jesús es un período crucial que se desarrolló tras Su bautismo en el Jordán por Juan el Bautista y Su enfrentamiento con el Diablo en el desierto. Representa la fase más articulada y extraordinaria de Su vida terrenal, desde el comienzo de Su predicación hasta su trágica muerte en la Cruz, aunque abarca un periodo de sólo tres años.

Jesús salió del desierto como predicador y sanador, dispuesto a compartir Su mensaje de amor y salvación, animado por una conciencia aún más profunda de Su papel y misión. Pasó Su Primer ministerio en Galilea predicando, pronunciando importantes discursos que proclamaban Su misión, como el Sermón de la montaña, reclutando a los primeros discípulos (Mateo 4.18-20), que más tarde se convertirían en los Doce Apóstoles, realizando milagros, curaciones y exorcismos que contribuyeron a Su fama. Se desplazó por ciudades y pueblos, ya que, sobre todo después de la detención de Juan el Bautista por orden de Herodes (Mt 14,1-12), ya no era muy querido en Nazaret, Su ciudad natal.

Las Bodas de Caná (Jn 2,1-11) se consideran el primer milagro de Jesús. Otro milagro fundamental dentro del Ministerio de Jesús fue el primer Pescado milagroso, que le valió el reclutamiento de Pedro, Santiago y Juan.
En la parte final del ministerio de Jesús en Galilea están el Milagro de la Multiplicación de los panes y los peces (Mateo 14.13-21) y el Paseo del agua (Mateo 14.22-36), pero también la Parábola de la Oveja perdida (Mateo 18.12-14) y la Resurrección de Lázaro (Juan 11.1-46). Todos estos milagros confirman la identidad de Jesús como Mesías e Hijo de Dios.

El último ministerio en Jerusalén

Jesús continúa Su viaje hacia Jerusalén, donde se encontrará con Su terrible y glorioso destino. La conciencia del próximo fin crece en Él, hasta el punto de que a menudo profetiza su propia muerte en sus discursos, con el fin de preparar a los discípulos.
En esta última fase de la vida pública de Jesús, antes de su arresto y Pasión, tienen lugar la Confessio Petri (Confesión de fe de Pedro) y la Transfiguración, ambas importantes sobre todo porque definen la toma de conciencia por parte de Pedro y los demás Apóstoles de la verdadera identidad del Maestro.     

Con la entrada triunfal en Jerusalén comienza el último Ministerio de la vida pública de Jesús en Jerusalén, que coincide con la Semana de la Pasión. El ministerio público de Jesús culmina con un acontecimiento dramático y profundo: Su muerte en la Cruz. Este acto sacrificial es el punto central de Su misión terrena, en la que ofrece su vida por la redención de la humanidad y el perdón de los pecados. La Cruz se convierte en el símbolo mismo de Su amor incondicional y de Su entrega a la humanidad.

En el contexto de esta última fase de la vida pública de Jesús, recordamos episodios como la Expulsión de los mercaderes del Templo (Marcos 11:15-19), el discurso del Olivar o pequeño Apocalipsis, un sermón escatológico que Jesús pronuncia de pie en el monte de los Olivos sobre el destino último de la humanidad.

Con la Última Cena y el Discurso de despedida a los discípulos, la vida pública de Jesús llega a su fin. Lo que sucederá a continuación ha cambiado para siempre el destino del mundo y de la humanidad.