Que dice la profecía de San Malaquías sobre los Papas

Que dice la profecía de San Malaquías sobre los Papas

La profecía de San Malaquías sobre el fin del papado: entre visión y engaño, fe e inquietud

En un momento en que el mundo parece precipitarse cada vez más rápido hacia un futuro incierto, antiguas profecías resurgen del pasado, casi como para susurrarnos que la historia de la humanidad sigue designios preestablecidos, caminos ya trazados hace siglos por mentes iluminadas o, tal vez, por intervenciones divinas. Entre estas profecías, una de las más fascinantes y debatidas es sin duda la atribuida a San Malaquías, un monje irlandés del siglo XII del que se dice que predijo la sucesión de todos los pontífices hasta el fin de los tiempos. Un misterioso documento que, a través de enigmáticas frases en latín, parece haber trazado el destino del trono papal a lo largo de los siglos con inquietante precisión.

Empezamos por los hechos ciertos. En el corazón de la Irlanda medieval, entre bosques brumosos y abadías de piedra, vivía un hombre capaz de atisbar más allá del tiempo. Se llamaba Malaquías de Armagh, hoy venerado como santo. Nacido en 1094, Malaquías fue obispo, reformador y místico. Su fe ardía como un fuego silencioso en las ruinas de una Europa en reconstrucción. La leyenda lo describe como un hombre de profundas visiones, marcado por un aura de profecía.
Durante una peregrinación a Roma, hacia 1139, Malaquías fue presa de una visión estremecedora: la secuencia de papas que se sucederían hasta el fin de los tiempos. A su regreso a Irlanda, se dice que puso por escrito aquellos destellos del futuro, dejando un críptico manuscrito, confiado a las silenciosas sombras de una biblioteca secreta. El documento, desaparecido durante siglos, no se publicó hasta 1595, atribuido al abad benedictino Arnold de Wyon.

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Pero, ¿quién puede decir realmente dónde acaba la verdad y empieza la leyenda? San Malaquías y su visión del futuro siguen vivos, su profecía, cierta o supuesta, resuena en los susurros de los pasillos, en los murmullos de los peregrinos, en los escalofríos de quienes buscan esperanza o temor para el futuro de todos nosotros.

Quién era San Malaquías

Malaquías de Armagh nació y creció entre páramos brumosos y abadías llenas de silencio y oración en la Irlanda del siglo XII. Fue monje, luego arzobispo, reformador, taumaturgo. Su espíritu ardía como una antorcha en las tierras del norte, alimentado por una fe inquebrantable y una profunda intimidad con el misterio. Fue amigo y confidente de San Bernardo de Claraval, luz de la orden cisterciense y padre espiritual de generaciones enteras de hombres de fe. Fue él quien trazó una intensa y conmovedora biografía de Malaquías, pero, crucial para nosotros aquí, sin mención alguna de visiones proféticas. Nada en el relato del monje cisterciense insinúa la existencia de lo que, de ser auténtico, figuraría entre las profecías más estremecedoras del cristianismo.

Sin embargo, se cuenta que fue precisamente durante una peregrinación a Roma, hacia 1139, cuando Malaquías fue presa de un éxtasis místico, en el que recibiría una visión de toda la sucesión de futuros pontífices, hasta el fin de los tiempos. Una revelación vertiginosa, registrada, según se dice, en un manuscrito secreto guardado entonces en las bóvedas vaticanas y resurgido siglos después.
Que se trate de historia o de leyenda, esta visión habría atravesado el tiempo como un susurro profético, entregando la lista de los 112 Papas destinados a llevar el timón de la Iglesia antes del Juicio Final.

La profecía de Malaquías

En 1595, en un volumen titulado Lignum Vitae, el monje benedictino Arnoldo Wion publicó un misterioso documento: una lista de 112 lemas en latín, cada uno referido a un papa, desde Celestino II (1143) hasta un futuro pontífice llamado “Petrus Romanus”, el que gobernaría la Iglesia en la época de su extrema persecución, antes del Juicio Final.
La obra, titulada Prophetia Sancti Malachiae Archiepiscopi, de Summis Pontificibus, parecía encapsular el destino de la Iglesia en una secuencia poética e indescifrable: frases cortas como “De gloria olivae”, “Pastor angelicus”, “Lilium et rosa”, evocaciones oscuras, ricas en simbolismo, a veces inquietantes por su aparente adherencia a hechos reales.
Sin embargo, nadie había oído hablar de esta profecía antes del siglo XVI. Ni un manuscrito, ni una cita, ni un fragmento. Ni rastro en la Edad Media, ni en los siglos inmediatamente posteriores a la muerte de Malaquías. Un silencio ensordecedor que plantea profundos interrogantes.
Muchos historiadores creen hoy que se trata de una falsificación ingeniosa, quizá para influir en el cónclave de 1590. Uno de los lemas, “Ex antiquitate urbis”, parece aludir directamente al cardenal Girolamo Simoncelli, natural de Orvieto (Urbs Vetus), candidato al trono pontificio. Un truco propagandístico, por tanto, disfrazado de inspiración divina.
Otros indicios alimentan la sospecha. Algunos estudiosos atribuyen la falsificación al médico y hombre de letras Alfonso Ceccarelli, famoso falsificador de la época, aunque la cronología no concuerda perfectamente. Ciertamente, la profecía apareció en una época de gran inestabilidad política, en la que circulaban con frecuencia predicciones y oráculos, utilizados para justificar, influir o legitimar poderes terrenales y espirituales.

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He aquí los lemas de profecía atribuidos a los últimos pontífices:

  • De medietate Lunae: Juan Pablo I (Albino Luciani, 1978). El “Papa de la media luna”, llamado así por la brevedad de su pontificado, que duró sólo 33 días, como una media luna en el cielo.
  • De labore Solis: Juan Pablo II (Karol Wojtyła, 1978-2005).  “Del trabajo del sol»: nacido y muerto durante dos eclipses solares, su pontificado estuvo marcado por una intensa luz que atravesó las sombras del mundo.
  • Gloria olivae: Benedicto XVI (Joseph Ratzinger, 2005-2013). «La gloria del olivo»: una referencia a la orden benedictina, a la que pertenecía, y un símbolo de paz en tiempos turbulentos.
  • In persecutione extrema S.R.E. sedebit: Francisco (Jorge Mario Bergoglio, 2013-2025). “Se sentará durante la última persecución de la Santa Iglesia Romana”. Este es el lema atribuido a Papa Francisco, el 111º de la lista.
    Hijo de la otra Roma, la de la emigración, pastor venido “del fin del mundo”, Francisco no lleva el nombre de Pedro, pero quizás encarna su espíritu: la sencillez, la roca, la cruz. Si fue el “Petrus Romanus” o sólo el último guardián antes del silencio, nadie puede decirlo.

Profecía sobre el último Papa

No hay pruebas concretas de la autenticidad de esta profecía. Sólo resurge en momentos de crisis, tras la muerte de un Papa, o en los días posteriores a la dimisión de Benedicto XVI, lo que atestigua el poder simbólico que sigue ejerciendo, mucho más allá de su valor documental. Sin embargo, siglos después de su muerte, el nombre de Malaquías sigue siendo sinónimo de presagio, de fin, de revelación.

Lo que más ha calado en el imaginario colectivo es el último punto de la lista.
No es un lema, sino una auténtica advertencia apocalíptica:

«In persecutione extrema Sanctae Romanae Ecclesiae sedebit Petrus Romanus, qui pascet oves in multis tribulationibus: quibus transactis, civitas septicollis diruetur, et Iudex tremendus iudicabit populum suum. Finis».

«En el tiempo de la mayor persecución de la Santa Iglesia Romana se sentará Pedro el Romano, que pastoreará el rebaño en medio de mucha tribulación. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida, y el temible Juez juzgará a su pueblo. El fin».

Un cierre solemne. Definitivo. Sin apelación.
Este Petrus Romanus, el Papa del fin, ha suscitado audaces hipótesis, temores milenaristas y discusiones teológicas durante siglos. Su enigmática figura ha atravesado los siglos como una sombra profética, alimentando especulaciones, temores y esperanzas. En esa fórmula arcana, Petrus Romanus, muchos han buscado pistas, presagios, reflejos del presente. Algunos han intentado reconocer en él el rostro de los pontífices modernos, sugiriendo incluso un vínculo con Papa Francisco, por las raíces italianas de su familia y el nombre de su bisabuelo: Giovanni di Pietro. ¿Fue Francisco el penúltimo pontífice antes del fin?

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Hoy en día, la Profecía de Malaquías aparece como un fenómeno cultural más que espiritual. Un enigma fascinante que ha atravesado los siglos más por su capacidad evocadora que por una real inspiración divina.
Su autenticidad es más que dudosa, sofocada por el silencio de las fuentes, su aparición tardía y el contexto manipulador en el que se publicó. Sin embargo, ha dejado una huella indeleble. En un mundo a menudo hambriento de signos y presagios, de sentido y catarsis, las palabras de Malaquías, sean verdaderas o falsas, siguen resonando como una llamada de atención.
Tal vez su poder no radique en la exactitud histórica, sino en la inquietud que evocan, en el sentido de expectación, en la emoción de “podría ser verdad”.
Por eso Malaquías sigue siendo para nosotros un símbolo eterno de la tensión entre la fe y el fin, entre la necesidad de creer y el miedo a la nada. Aunque su profecía fuera sólo una sombra entre las páginas del tiempo, ahí reside precisamente su misterio:
en el eco de unas palabras que atraviesan los siglos sin pedir confirmación.